viernes, 19 de mayo de 2017

El Orgullo: Un Animal Extraño

El post de hoy no será muy erudito ni hecho con mucho esfuerzo, simplemente deseo deciros una ocurrencia reciente del trabajo.

Trabajo para Dollar General que es una versión modernizada de una tienda general. Mientras sí trabajo en sola una ubicación, es posible que sea movido a varios otros para ayudar, como la corporación quiera.



Por ejemplo es posible que un situación rara se levantará en una tienda de la misma área en la que les faltan obreros suficientes. Esas tiendas pueden llamarse para obtener un obrero de otra tienda durante un día.

Eso sería más común, pero algo similar pasa también cuando tiendas nuevas se edifican, o más raramente, cuando tiendas establecidas se mueven a ubicación nueva. Eso es lo que me pasó en la semana pasada.

Nuestra tienda del cruce 77 en Hartwell tenía que mandar obreros a la tienda de Elberton, GA, para ayudarles con su mudanza al edificio nuevo. Cuando la suerte se me cayó, yo también fue encargado de ir allá.

Estuvo bien, lo que tenga que hacer, lo haré. Pero había un problema chiquito: ¡me fijaron para trabajar durante todas las misas dominicales!

Eso no iba a funcionar, pero mucho menos tuve yo ningún poder para cambiarlo.

Se hizo claro que mi única oportunidad (esperad un momento) de ir a misa sería asistir a la misa que mi pastor llama "La misa de última oportunidad." a las 7 de la noche cada domingo. Pero aún siendo problema, no podía dejar de trabajar hasta que llegaran las seis, y mi parroquia está una hora y mitad lejos de esa tienda. Iba a tener que pedirles para que me soltaran más temprano.

Esta jefa de la tienda de Elberton es un poco dictadora, y por eso me daba bastante miedo el mismo pensamiento. Al final, sí yo le pedí, y me concedió un mitad de hora, de mala gana.

Con eso fui capaz de llegar a misa con tiempo suficiente para confesarme y también servir al altar. Fui muy agradecido por la generosidad y respeto de conciencia de esa jefa.

Iglesia de Santa Rafka, durante Pascua
Pero todo eso iba a cambiar pronto, y todo por causa de orgullo.

No sé a qué pleno un alcance, pero a ella no le gustaba yo. Algunos problemas fueron que yo andaba de un trabajo a otro con las manos en bolsillo. Este hábito se hizo el tópico de chisme para ella, y en dos ocasiones le oí hablando de mí y lo que ella percibía como la pereza o el letargo. Hasta dijo ella que no tendría trabajo si estuviera bajo de ella.

Inmediatamente me enojé, y comencé a maldecirla en mi mente. ¡Como se atreve! Y eso me puso de mal humor por gran parte del resto del día.

No se puede culparme por tener una reacción inicialmente mala, pero no debía persistir tanto. Además de que me olvidé de su favor de soltarme temprano para que me tuviera una de las mejores misas de tiempos recientes. Yo me debía contentar con ese, y el mismo hecho de que jamás tendría que volver allá otra vez.

Fue el martes, y cuando me manejaba otra vez a mi propio pueblo, Hartwell, el rosario que intenté pero fracasé a rezar gracias a mis distracciones fue el que los misterios dolorosos. En seguida me di cuenta: "Mira a Jesús y a todo lo que sufría por ti, ¡y aquí estás comportándote como bebé!"  Mi orgullo hacía que fuera muy difícil para quitarme de la ira por un insulto e inconveniencia tan menor.

La cruz a cuestas
Por fin, me propuse a ofrecer mis ejercicios siguientes por el éxito de su tienda nueva, su conversión a la fe católica, y en acción de gracias por poder haber ido a misa.

Aprendí que a menudo es demasiado fácil que nos olvidemos de lo bueno que es nuestra vida por causa del orgullo. Tengo, y tenemos nosotros, mucho más para ser agradecido que estar enojado o molestado por orgullo. Por eso lo he llamado "animal extraño," porque en nuestras vidas permitimos que sea capaz de arruinar tanto por causa de tan poco. Nunca rechacemos las oportunidades de crecer en la humildad que Nuestro Señor nos dé.

Ahora, he vuelto a mi tienda regular donde me agradecen, y porque puedo rezar el rosario (como os mostraré en publicación futura) por tenerme las manos en bolsillo, ¡seguiré así hasta que y a menos que me diga para que me pare!

«Cuando algo te moleste o te sea desagradable, recuerda al Cristo crucificado, y cállate.»
 - San Juan de la Cruz

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